Obra pública: la Ciudad tiene plata y le mandan mucha plata

Los fondos que la Nación gira al Gobierno porteño crecen al 84% o al 127%. Habría explicaciones, pero ni María Eugenia Vidal recibe tanto.

El caso cuenta cómo está repartiéndose un paquete de recursos del Gobierno nacional, y tiene cierto olor a favoritismo y a discriminación juntos. Las sospechas saltan, o parecen justificarse, en la enorme diferencia que existe entre la tajada que le toca a la Ciudad Autónoma y la que va a provincias similares a ella o aún más grandes que ella.
Se trata de recursos de hecho administrados desde la Casa Rosada y orientados a financiar, total o parcialmente, inversiones que por lo general son obras públicas y obras públicas imprescindibles.

Víctimas directas del ajuste fiscal, la suma de esos gastos apenas ha crecido 11% durante el primer cuatrimestre y 26,6% en abril. O sea, 42 puntos porcentuales menos que la inflación en un caso y 30 menos en el otro.

¿Y qué dicen los números de la Ciudad Autónoma? No dicen nada que suene ni siquiera parecido a esa música: una planilla de la propia ASAP cuenta 84% y un impresionante 127%, respectivamente. Esto es, 31 puntos más que la inflación en un caso y 71 más en el otro.
Los mismos papeles marcan que todos los estados del resto del país pierden contra la Ciudad, por mucho o por muchísimo. Para evitar reiteraciones, en los datos que siguen van primero los del cuatrimestre y después los de abril.
A la provincia de Buenos Aires de María Eugenia Vidal, los recursos que les mandó la Nación llegaron con subas del 15% y del 39%. Es decir, caídas reales grandes contrastadas con la inflación y con la CABA: seguro, cuestión de momento.

Para Córdoba del aliado Juan Schiaretti, hubo incrementos del 66 y del 22%: una muy buena acoplada a una mala. Y nada, o directamente menos que nada, hubo para la Santa Fe conducida por el socialista Miguel Lifschitz: las cifras marcan caídas del 32 y del 7,3%, respectivamente.
Ahora, tres provincias también con números negativos. Chaco, con 17 y 24%; Salta, con 11 y 46% y Tucumán, enfrentada a enormes 81 y 26%. Finalmente, un menos del 3% y un modestísimo más 2% para la Mendoza gobernada por el radical, aliado crítico de Cambiemos, Alfredo Cornejo.
ASAP, una organización especializada en el análisis de las cuentas públicas, encuentra una explicación para estos contrastes. Dice que como una buena proporción de las constructoras grandes tiene domicilio en la Capital Federal, aquí suelen imputarse gastos que en realidad son hechos en otros lugares.
Como quiera que sea, hay una pregunta que sale inevitable: si lo de los domicilios de las grandes constructoras alcanza para justificar semejantes diferencias de recursos a favor de la Ciudad Autónoma. La jurisdicción de Horacio Rodríguez Larreta recauda mucha plata propia, es comparativamente rica y tiene superávit fiscal, incluso computando el pago de los intereses de la deuda. Aún así, el comentario de ASAP no termina de apagar las quejas de los pares de Larreta.

Vale aclarar, de todos modos, que aquí existe mucha transferencia de fondos de la Nación para inversiones que también bancan los gobiernos provinciales, lo cual equivale a tener con qué compartir los gastos. Y llegado ese punto, la Ciudad le saca ventaja al resto y, sobre todo, a provincias que andan con las cuentas muy apretadas.
Un detalle cargado de color político y de tono bien electoral aparece en el envión del 127% que los gastos porteños pegaron en abril. Casi cantado: aun cuando escasee información oficial precisa, ahí deben estar las obras del Paseo del Bajo, financiado con un crédito de US$ 400 millones que el Estado Nacional tomó de un organismo internacional y también con fondos de la Ciudad.
Ya notable, ese 127% emerge más notable todavía si se lo compara con el crecimiento del 39% anotado en marzo y con el muy módico 20% que, para esta misma época, hubo el año pasado. Mucha inauguración, mucha propaganda y nada, al fin, que no hubiese sido hecho antes de Cambiemos.
En modo muy general y con datos al 31 de mayo, algunas planillas del Ministerio de Hacienda cuentan cómo corren gastos y partidas también destinadas a la CABA.
Una de ellas revela que el presupuesto inicial de $ 1.000 millones, fijado para vivienda y desarrollo urbano, ya asciende a $ 3.000 millones. Y, además, que se usó casi el 100%; el nivel promedio que abarca a todas las jurisdicciones dice 41%.

Un caso muy similar aparece con una partida del Ministerio de Transporte para obras de infraestructura. De $ 800 millones ha escalado a $ 3.680 millones y nuevamente se usó casi el 100%. El promedio total marca 34%.
Varias cifras de este lote que arrancó con las de ASAP muestran, claramente, que el macrismo está apostando con todo a sacar una ventaja muy grande en la Ciudad, y que lo intenta a pura obra pública. Seguramente, pronto el tren de la inversión estatal, necesaria, visible y políticamente rentable, se estacionará en la provincia de Buenos Aires.
Solo en plan de medir los límites del ajuste fiscal, el gasto público sin intereses de la deuda crece al 31%, esto es 22 puntos porcentuales por detrás de la inflación. Nada que ver, tal cual se habrá comprobado, con las partidas para obras en la Ciudad Autónoma.

 

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